
Esta palabra viene de la expresión latina hora sexta, que designa al lapso del día comprendido entre las 12 y las 15 horas, momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.
Es una consecuencia natural del descenso de la sangre después de la comida desde el sistema nervioso al sistema digestivo, lo que provocaba una consiguiente somnolencia.
Está demostrado científicamente que una siesta de no más de 30 minutos (más tiempo puede trastocar el reloj biológico natural y causar insomnio por la noche) mejora la salud en general y la circulación sanguínea y previene el agobio, la presión o el estrés. Además, favorece la memoria y los mecanismos de aprendizaje y proporciona la facultad de prolongar la jornada de trabajo al poderse resistir sin sueño hasta altas horas de la noche con poca fatiga acumulada.

En nuestro medio, hablo de Gran Buenos Aires y Capital, no podemos tomarnos ese descansito que acostumbran, por ejemplo en el interior de nuestro país. Por eso, se espera con ansiedad llegar al fin de semana para dormirse una buena siesta.
Comentando con algunos amigos, entre ellos, algunos bloguers, muchas veces las siestas son "reparadoras" del sueño, como si equilibráramos la falta de sueño semanal, con la adición de una sistita. No sé si se logra, pero que te dormís... seguro! Por otro lado, si la siesta no logra concretarse en totalidad del tiempo que pensaste puede que te levantes chinchudo, molesto o fastidioso. Otros se exceden de tiempo y despues no pueden dormir por la noche.
Como sea, parece que dormir la siestita trae algunos beneficios, ojala todos pudieran disfrutar de ella todos los días.
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