
Debemos partir de la idea de que "disciplinar" es la manera que que los padres contribuimos con la adquisición de patrones, normas, valores, principios de
comportamiento, así como con el desarrollo del carácter.

De este modo podemos dejar de lado el concepto de que la disciplina y el amor se ubican en bandos opuestos.
Aplicar disciplina es una experiencia de afecto y preocupación hacia nuestros hijos, ya que estamos brindándoles recursos valiosos para su crecimiento personal y social.
la forma que los padres elegimos para disciplinar a nuestros hijos debe contemplar la personalidad y la edad de ellos. Muchos usamos el método de los premios y recompensas, porque nos resulta sencillo controlar su comportamiento. No obstante su uso indiscriminado puede hacer que el niño piense y actúe como si nos hiciera un favor al portarse bien, sin entender e interiorizarce realmente por los principios adecuados de su conducta.
"No corregir al niño es no quererlo, amarlo es disciplinarlo"
Fuente: Escuela para padres. I.del Centro.