
Un muchacho tenía un perro cuando era jóven.
Su padre, de vez en cuando, probaba la obediencia del perro.
Colocaba un tentador trozo de carne en el piso y daba esta orden: "¡No!".
El perro, que debe haber tenido una fuerte urgencia de tomar la carne, terminaba en una posición muy difícil: obedecer o desobedecer la orden de su amo.
El muchacho dijo: "El perro nunca miraba la carne. Parecía que pensaba que si lo hacía, la tentación de desobedecer sería demasiado grande.
Así que miraba fijamente a la cara de mi padre."
¿ No te parece que esta historia podría aplicarse a alguna parte de nuestras vidas?