lunes, 7 de septiembre de 2009

Si estás vos, suficiente.

No estoy muy segura si ya les relaté esta histori, la leí tantas veces y tantas veces me conmovió que no lo sé... acá va.

Jamás olvidaré el día en que mamá me obligó a ir a una fiesta de cumpleaños, cuando estaba en tercer grado.Una tarde llegué a casa con una invitación algo manchada de jalea."No pienso ir", dije. "Es una chica nueva que se llama Ruth. Berniece y Pat no irán. Invitó a toda la clase. A los treinta y seis".Mamá estudió con extraña tristeza esa invitación hecha a mano.

De pronto anunció: "Bueno, tú irás. Mañana iré a comprar el regalo".Yo no podía creerlo. ¡Mamá nunca me había obligado a ir a una fiesta! Eso me mataría, sin duda. Pero no hubo ataque de histeria que la hiciera cambiar de opinión.

Llegó el sábado; mamá me sacó de la cama para que envolviera el regalo: un bonito juego de peine, espejo y cepillo de color rosa perlado, que había comprado por menos de tres dólares. Luego me llevó en su viejo automóvil amarillo.

Ruth abrió la puerta y me guió por la escalera más empinada y peligrosa que yo habÌa visto jamás. Cruzar la puerta fue un verdadero alivio; los pisos de madera relumbraban en la sala llena de sol. Los muebles eran viejos, pero estaban recubiertos por fundas níveas e impecables.
En la mesa vi la torta más grande de mi vida. Estaba decorada con nueve velas rosadas, un "Feliz Cumpleaños, Ruthie" bastante desmañado y algo que parecían pimpollos de rosa.


Rodeaban la torta treinta y seis tazas llenas de chocolate casero, cada una con su nombre."No será tan horrible una vez que lleguen los otros", me dije.
Y pregunté a Ruth: "¿Dónde está tu mamá?"Ella bajó la vista al suelo. "Bueno, está medio enferma"."Ah. ¿Y tu papá?""Se fue".
Luego se hizo silencio; sólo se oían algunas toses carrasposas detrás de una puerta cerrada. Pasaron quince minutos.
Luego, diez más. De pronto comprendí la horrible verdad: no vendría nadie.
¿Cómo escapar de allí?En medio de mi autocompasión oí unos sollozos apagados. Al levantar la vista me encontré con la cara de Ruth, surcada de lágrimas.

De inmediato, mi corazón de niña se llenó de simpatía hacia Ruth y de ira contra mis treinta y cinco egoístas compañeras. Me levanté de un salto, plantando en el suelo los zapatos de charol blanco, y proclamé a todo pulmón:

"¿Para qué queremos a los otros?"La expresión sobresaltada de Ruth se convirtió en entusiasmado acuerdo.Allí estábamos: dos niñas de ocho años con una torta de tres pisos, treinta y seis tazas de chocolate, helado, litros y litros de refresco rojo, tres docenas de artículos de cotillón, juegos a jugar, premios a ganar.Empezamos por la torta. Como no encontrábamos ningún fósforo y Ruthie (había dejado de ser Ruth) no quería molestar a su mamá, nos limitamos a fingir que las encendíamos. Le canté el "Happy Birthday" en tanto ella pedía un deseo y apagaba de un soplido las velas imaginarias.

En un abrir y cerrar de ojos llegó el mediodía y mamá hizo sonar su bocina frente a la casa. Después de recoger todos mis recuerdos y de dar mil gracias a Ruthie, volé al auto burbujeando de alegría.

"¡Gané todos los juegos! Bueno, la verdad es que Ruthie ganó el de ponerle la cola al burro, pero dijo que la del cumpleaños no podía llevarse los premios, así que me lo cedió. Y repartimos las cosas de cotillón, la mitad para cada una.
Le encantó el juego de tocador, mamá. Yo era la única.¡La única de todo el tercer grado! y no veo la hora de decirle a los otros que se perdieron una fiesta estupenda".
Mamá detuvo el coche junto al cordón y me abrazó con fuerza. "Estoy orgullosa de tí", me dijo con lágrimas en los ojos.Ese día descubrí que una sola persona puede cambiar las cosas. Yo había cambiado por completo el noveno cumpleaños de Ruthie. Y mamá había cambiado mi vida por completo.

Lee Anne Reaves

Hoy puede ser tu día para cambiarle el día a alguien. Fuiste llamado a marcar la diferencia y a poner una sonrisa donde hay lágrimas.

10 comentarios:

Franziska dijo...

No tiene nada de extraño que le hayas dado más de una vuelta a este relato. Es muy emotivo. Nos muestra como, incluso los niños, detectan al que lo está pasando mal y lo soslayan. La madre fue la que comprendió lo que pasaba y su hija, que no era una niña mala ni insensible, lo comprendió todo enseguida.

A mí me ha emocionado leerlo, quizá, porque yo he conocido la fea cara del sufrimiento en algunas etapas de mi vida.

Siento no poder leer todo lo que publicas ya que cambias con muchas frecuencia y yo no dedico demasiado tiempo al blog. Mi entrada lleva desde el día 29 y todavía no me he planteado cuál será mi próxima publicación.

Afectuosos saludos.

M@bel_es_ Azul dijo...

FransizKa: que te tomes el tiempo de pasar por acá para mí es muy importante, normalmente posteo tres cosas por día. NO te preocupes si no podes leerlas todas. Que te haya gustado y haya sido útil me hace sentir que valió la pena.

Así como los niños son unops tiernos irremediables, muchas veces son verdugos implacables de sus mismos pares. Está en nosotros guiarlos hacia la igualdad. Un beso.

María Laura dijo...

QUE BELLA HISTORIA,

ME TOCÓ MUY DE CERCA, PUES CUANDO CUMPLÍ 19, INVITÉ A UN GRUPO DE "AMIGAS" A UNA CONFITERÍA, EL DUEÑO PREPARÓ UNA MESA GRANDE, Y PUSO CARTEL, DE RESERVADA,

Y SABES QUE?
SOLO ASISTIÓ UNA CHICA, Y ME PASÓ ALGO PARECIDO A RUTH,

GRACIAS, BESITOS.

M@bel_es_ Azul dijo...

María Laura: qué terrible, espero que el recuerdo no te haya hecho daño. La que no fue , se lo perdió sin dudas. Gracias a vos por leerlo. Bebososos

Bacterius Argentum dijo...

como soy hombre y los hombre no somos sencibleros( jamas confesare ante un tribunal que me gustose la historia) evitare comentar en esta entrada











ups me late que decir que no comentare es comentar vio

bebuu dijo...

que lindo, q triste y q real..a quien no le paso alguna vez algo semejante?? es un clasico q keda como un recuerdo y al igual q el post deja una enseñanza, saludos

M@bel_es_ Azul dijo...

Bac: gracias por no haber opinado, no esperaba menos.


Bebuu:algunos nenes son muy crueles con sus pares, si no hay un adulto que los guie, serán perores cuando sean mayores.
Besosos

Anónimo dijo...

Es verdad....los niños pueden ser más crueles que los adultos....se pone de manifiesto que el bien y el mal está en nosotros desde chicos, lo llevamos incorporado...por eso si los mayores SE DAN CUENTA de esas fallas deben corregirlas en sus hijos.
El hamster con su juguete ma mató....jajaj

Un besote

Norberto

M@bel_es_ Azul dijo...

Norbert: si, tal cual, o sea como siempre,la responsabilidad es nuestra. Un beso.

M@bel_es_ Azul dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Si estás vos, suficiente.

No estoy muy segura si ya les relaté esta histori, la leí tantas veces y tantas veces me conmovió que no lo sé... acá va.

Jamás olvidaré el día en que mamá me obligó a ir a una fiesta de cumpleaños, cuando estaba en tercer grado.Una tarde llegué a casa con una invitación algo manchada de jalea."No pienso ir", dije. "Es una chica nueva que se llama Ruth. Berniece y Pat no irán. Invitó a toda la clase. A los treinta y seis".Mamá estudió con extraña tristeza esa invitación hecha a mano.

De pronto anunció: "Bueno, tú irás. Mañana iré a comprar el regalo".Yo no podía creerlo. ¡Mamá nunca me había obligado a ir a una fiesta! Eso me mataría, sin duda. Pero no hubo ataque de histeria que la hiciera cambiar de opinión.

Llegó el sábado; mamá me sacó de la cama para que envolviera el regalo: un bonito juego de peine, espejo y cepillo de color rosa perlado, que había comprado por menos de tres dólares. Luego me llevó en su viejo automóvil amarillo.

Ruth abrió la puerta y me guió por la escalera más empinada y peligrosa que yo habÌa visto jamás. Cruzar la puerta fue un verdadero alivio; los pisos de madera relumbraban en la sala llena de sol. Los muebles eran viejos, pero estaban recubiertos por fundas níveas e impecables.
En la mesa vi la torta más grande de mi vida. Estaba decorada con nueve velas rosadas, un "Feliz Cumpleaños, Ruthie" bastante desmañado y algo que parecían pimpollos de rosa.


Rodeaban la torta treinta y seis tazas llenas de chocolate casero, cada una con su nombre."No será tan horrible una vez que lleguen los otros", me dije.
Y pregunté a Ruth: "¿Dónde está tu mamá?"Ella bajó la vista al suelo. "Bueno, está medio enferma"."Ah. ¿Y tu papá?""Se fue".
Luego se hizo silencio; sólo se oían algunas toses carrasposas detrás de una puerta cerrada. Pasaron quince minutos.
Luego, diez más. De pronto comprendí la horrible verdad: no vendría nadie.
¿Cómo escapar de allí?En medio de mi autocompasión oí unos sollozos apagados. Al levantar la vista me encontré con la cara de Ruth, surcada de lágrimas.

De inmediato, mi corazón de niña se llenó de simpatía hacia Ruth y de ira contra mis treinta y cinco egoístas compañeras. Me levanté de un salto, plantando en el suelo los zapatos de charol blanco, y proclamé a todo pulmón:

"¿Para qué queremos a los otros?"La expresión sobresaltada de Ruth se convirtió en entusiasmado acuerdo.Allí estábamos: dos niñas de ocho años con una torta de tres pisos, treinta y seis tazas de chocolate, helado, litros y litros de refresco rojo, tres docenas de artículos de cotillón, juegos a jugar, premios a ganar.Empezamos por la torta. Como no encontrábamos ningún fósforo y Ruthie (había dejado de ser Ruth) no quería molestar a su mamá, nos limitamos a fingir que las encendíamos. Le canté el "Happy Birthday" en tanto ella pedía un deseo y apagaba de un soplido las velas imaginarias.

En un abrir y cerrar de ojos llegó el mediodía y mamá hizo sonar su bocina frente a la casa. Después de recoger todos mis recuerdos y de dar mil gracias a Ruthie, volé al auto burbujeando de alegría.

"¡Gané todos los juegos! Bueno, la verdad es que Ruthie ganó el de ponerle la cola al burro, pero dijo que la del cumpleaños no podía llevarse los premios, así que me lo cedió. Y repartimos las cosas de cotillón, la mitad para cada una.
Le encantó el juego de tocador, mamá. Yo era la única.¡La única de todo el tercer grado! y no veo la hora de decirle a los otros que se perdieron una fiesta estupenda".
Mamá detuvo el coche junto al cordón y me abrazó con fuerza. "Estoy orgullosa de tí", me dijo con lágrimas en los ojos.Ese día descubrí que una sola persona puede cambiar las cosas. Yo había cambiado por completo el noveno cumpleaños de Ruthie. Y mamá había cambiado mi vida por completo.

Lee Anne Reaves

Hoy puede ser tu día para cambiarle el día a alguien. Fuiste llamado a marcar la diferencia y a poner una sonrisa donde hay lágrimas.

10 comentarios:

Franziska dijo...

No tiene nada de extraño que le hayas dado más de una vuelta a este relato. Es muy emotivo. Nos muestra como, incluso los niños, detectan al que lo está pasando mal y lo soslayan. La madre fue la que comprendió lo que pasaba y su hija, que no era una niña mala ni insensible, lo comprendió todo enseguida.

A mí me ha emocionado leerlo, quizá, porque yo he conocido la fea cara del sufrimiento en algunas etapas de mi vida.

Siento no poder leer todo lo que publicas ya que cambias con muchas frecuencia y yo no dedico demasiado tiempo al blog. Mi entrada lleva desde el día 29 y todavía no me he planteado cuál será mi próxima publicación.

Afectuosos saludos.

M@bel_es_ Azul dijo...

FransizKa: que te tomes el tiempo de pasar por acá para mí es muy importante, normalmente posteo tres cosas por día. NO te preocupes si no podes leerlas todas. Que te haya gustado y haya sido útil me hace sentir que valió la pena.

Así como los niños son unops tiernos irremediables, muchas veces son verdugos implacables de sus mismos pares. Está en nosotros guiarlos hacia la igualdad. Un beso.

María Laura dijo...

QUE BELLA HISTORIA,

ME TOCÓ MUY DE CERCA, PUES CUANDO CUMPLÍ 19, INVITÉ A UN GRUPO DE "AMIGAS" A UNA CONFITERÍA, EL DUEÑO PREPARÓ UNA MESA GRANDE, Y PUSO CARTEL, DE RESERVADA,

Y SABES QUE?
SOLO ASISTIÓ UNA CHICA, Y ME PASÓ ALGO PARECIDO A RUTH,

GRACIAS, BESITOS.

M@bel_es_ Azul dijo...

María Laura: qué terrible, espero que el recuerdo no te haya hecho daño. La que no fue , se lo perdió sin dudas. Gracias a vos por leerlo. Bebososos

Bacterius Argentum dijo...

como soy hombre y los hombre no somos sencibleros( jamas confesare ante un tribunal que me gustose la historia) evitare comentar en esta entrada











ups me late que decir que no comentare es comentar vio

bebuu dijo...

que lindo, q triste y q real..a quien no le paso alguna vez algo semejante?? es un clasico q keda como un recuerdo y al igual q el post deja una enseñanza, saludos

M@bel_es_ Azul dijo...

Bac: gracias por no haber opinado, no esperaba menos.


Bebuu:algunos nenes son muy crueles con sus pares, si no hay un adulto que los guie, serán perores cuando sean mayores.
Besosos

Anónimo dijo...

Es verdad....los niños pueden ser más crueles que los adultos....se pone de manifiesto que el bien y el mal está en nosotros desde chicos, lo llevamos incorporado...por eso si los mayores SE DAN CUENTA de esas fallas deben corregirlas en sus hijos.
El hamster con su juguete ma mató....jajaj

Un besote

Norberto

M@bel_es_ Azul dijo...

Norbert: si, tal cual, o sea como siempre,la responsabilidad es nuestra. Un beso.

M@bel_es_ Azul dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.