martes, 12 de mayo de 2009

La mentira tiene mucho peso.

Preparando una cena especial, una mujer se detuvo en una pequeña carnicería para comprar carne. Había decidido rellenar un pollo y asarlo, como plato principal.
Cuando le pidió al hombre de la carnicería que le diese el pollo más grande que tuviese, este sacó del compartimiento refrigerado el último pollo que tenía
y lo colocó sobre la balanza.
-Este pesa un kilo ochocientos, señora -le dijo.
La mujer pensó unos momentos y luego dijo:
-No estoy segura que alcance.
¿No tiene uno más grande?
El dependiente devolvió el pollo al compartimiento,
simuló que buscaba entre el hielo que se derretía y sacó el mismo pollo.
Esta vez, mientras lo pesaba en la balanza,
aplicó disimuladamente un poco de presión con sus dedos.
-Ah, -dijo, con una sonrisa-, este pesa dos kilos setecientos.
La mujer frunció el ceño, y haciendo algunos cálculos mentales,
dijo sonriente:- No estoy muy segura.
Mejor, ¡envuélvame los dos!

5 comentarios:

MuMiNa dijo...

ajajajajaaaaaaaaa!!!

con su inocencia,la mina lo re-ca....

M@bel_es_ Azul dijo...

HOla Mumina: tal cual.Besosososss

Bacterius Argentum dijo...

buenisisisisismo vio

María Laura dijo...

JAJAJAJAJAJ, MUY BUENO!!!

BESITOS.

M@bel_es_ Azul dijo...

Me alegro que les haya gustado.
Saludos!

martes, 12 de mayo de 2009

La mentira tiene mucho peso.

Preparando una cena especial, una mujer se detuvo en una pequeña carnicería para comprar carne. Había decidido rellenar un pollo y asarlo, como plato principal.
Cuando le pidió al hombre de la carnicería que le diese el pollo más grande que tuviese, este sacó del compartimiento refrigerado el último pollo que tenía
y lo colocó sobre la balanza.
-Este pesa un kilo ochocientos, señora -le dijo.
La mujer pensó unos momentos y luego dijo:
-No estoy segura que alcance.
¿No tiene uno más grande?
El dependiente devolvió el pollo al compartimiento,
simuló que buscaba entre el hielo que se derretía y sacó el mismo pollo.
Esta vez, mientras lo pesaba en la balanza,
aplicó disimuladamente un poco de presión con sus dedos.
-Ah, -dijo, con una sonrisa-, este pesa dos kilos setecientos.
La mujer frunció el ceño, y haciendo algunos cálculos mentales,
dijo sonriente:- No estoy muy segura.
Mejor, ¡envuélvame los dos!

5 comentarios:

MuMiNa dijo...

ajajajajaaaaaaaaa!!!

con su inocencia,la mina lo re-ca....

M@bel_es_ Azul dijo...

HOla Mumina: tal cual.Besosososss

Bacterius Argentum dijo...

buenisisisisismo vio

María Laura dijo...

JAJAJAJAJAJ, MUY BUENO!!!

BESITOS.

M@bel_es_ Azul dijo...

Me alegro que les haya gustado.
Saludos!